Brasil: Biblias, balas y carne de res

Daniel Espinosa

Lula da Silva ha ganado por un pelo. Aunque Jair Messias Bolsonaro preparó durante años a sus seguidores y aliados para gritar fraude, muchos de ellos ya aceptaron a regañadientes la victoria izquierdista y han dejado solo –y mudo– al exmilitar. Por el momento, el ultraconservadurismo tendrá que resignarse a enfundar pistolas y atenuar su procacidad racista. El odio manifiesto, explícito, vuelve temporalmente al clóset.

O puede que no. El hecho de que el exmilitar amigo de la tortura y nostálgico de la dictadura haya conseguido el 49,10 % de los votos en las últimas elecciones brasileñas –frente al 50,9 % de Lula– nos remite a tiempos realmente recios. ¿Qué explica el auge de la “Nueva Derecha”?

UN ESTADO RAQUÍTICO

La masiva desafección política que observamos en nuestros tiempos no responde a alguna misteriosa ley universal, sino que puede cultivarse y llevarse a extremos que terminan poniendo en duda el sentido mismo de la democracia. Ahí donde el voto no es compulsivo, la gente ya no se molesta en votar. Donde sí lo es, la asistencia masiva a las urnas produce una ilusión de legitimidad ahí donde las instituciones políticas han dejado de responder a las necesidades del ciudadano.

Según el profesor de sociología política alemán Claus Offe, las democracias tienden de manera natural hacia la exclusión de los más pobres. Las políticas de austeridad de las últimas décadas han exacerbado esta cualidad, pues disminuyen sensiblemente aquello que un “Estado raquítico” (neoliberal) es capaz de ofrecer a los sectores que más lo necesitan.

Según el alemán, la participación democrática desigual está directamente relacionada con este fenómeno: “si la política no es capaz de responder a las necesidades del menos privilegiado”, explica, “muchos concluyen que no tiene sentido participar (en ella)”. Al mismo tiempo, las ciudadanías que han perdido interés por la política –en el sentido tradicional– no se retiran de ella “hacia un mutismo alienado”. En su lugar, se manifiestan a través de “efímeras explosiones de violencia… políticamente difusas”. En otros casos, crece el populismo de derechas: “se refuerzan las fronteras… se niegan las diferencias de manera agresiva e intolerante en virtud de una homogeneidad étnico-nacionalista y se pasa a confiar en líderes carismáticos y emprendedores políticos exitosos”.

Y aquí viene lo que Offe considera crucial: estos “líderes carismáticos” –entre quienes abundan los predicadores evangélicos de traje caro, anillos de oro y limosina–, así como los “emprendedores políticos exitosos” –o que saben fingir éxito, como López Aliaga–, son los únicos agentes políticos que, desde 1990, han conseguido ampliar sus bases políticas y promover la participación ciudadana, “por mucho que esa forma de participación no sea la esperada por la teoría democrática liberal”, aclara el alemán.

NOSTALGIAS MEDIEVALES

Aunque el surgimiento de la Nueva Derecha se atribuye, en muchas ocasiones, a una reacción conservadora al movimiento en favor de los derechos civiles (con centro en EE.UU.), algunos estudiosos señalan que su construcción y desarrollo fue un asunto transnacional bien organizado, con ejes tanto en EE.UU. como en Brasil. De acuerdo con Benjamin Cowan, profesor de Historia de la Universidad de California, los activistas conservadores brasileños jugaron un papel crucial.

La colaboración del activismo cristiano y conservador transnacional, explica Cowan, “asoció a reaccionarios de élite en Brasil, EE.UU. y otros países, facilitó el auge del conservadurismo cristiano y transformó a los dos (países mencionados) en centros de poder de la derecha…”. Este conservadurismo religioso y cristiano estaría “inextricablemente ligado a las políticas neoliberales de austeridad” y a ideas propias de una cultura tradicional “rural, religiosa y armada”.

La construcción de esta Nueva Derecha internacional fue facilitada por organizaciones ad-hoc, creadas específicamente para este fin. No hablamos de organizaciones que nacieron en el presente siglo, sino de unas que tuvieron su origen en la Guerra Fría, como el International Policy Forum (IPF), que reunió a activistas opuestos al marxismo, a la “disolución moral” y al modernismo secular. El católico ultraconservador estadounidense Paul Weyrich creó el IPF en 1982 y, en sus palabras, encontró a sus aliados “más extraordinarios” entre ultras brasileños como Plinio Correa de Oliveira y Mario Navarro da Costa. El poco estudiado IPF también “reunió a celebridades y power-brokers de la derecha de todo el hemisferio, facilitando un espacio en el que estos actores podían dar forma a una agenda común”.

Aunque Wayrich era católico, apoyó y ofreció “consejo moral y táctico” a conservadores evangélicos de toda calaña. Su trabajo también consistió en conseguirles financiamiento, gestionando una “colaboración no-ortodoxa, necesaria para asociar a conservadores cruzando las líneas de varias fes”. Su proyecto se resumió en lo que el famoso predicador bautista Jerry Falwell bautizaría luego como la nueva “mayoría moral”, una constelación de conservadores cristianos de varias denominaciones que, por primera vez, dejaban de lado las diferencias para unirse contra los enemigos de la fe, incluyendo a quienes percibían como tales dentro de la misma Iglesia Católica.

Y en el “corazón de esta visión”, explica Cowan, “yacían las temáticas que unirían a la Nueva Derecha transnacional… Weyrich admiraba el compromiso de los libertarios con el liberalismo económico, pero deseaba asociar esa ideología con un archiconservadurismo social, cultural y religioso”. Weyrich también abogó por un regreso a formas de misticismo que la modernidad había dejado atrás, mientras denostaba a las mujeres que “no ponían en primer lugar a la familia”. El estadounidense constituyó la vanguardia del conservadurismo religioso enfocado en la política, “colocando en su lugar a los individuos, think-tanks y publicaciones que iniciarían el ataque de la Nueva Derecha sobre la homosexualidad”, entre otras obras del demonio.

La influyente “Heritage Foundation”, por ejemplo, sería fundada por Paul Weyrich. Sin embargo, la “punta de lanza” de la Nueva Derecha sería su Free Congress Foundation, que llevaría a la acción política las ideas de “moralidad sexual, tradicionalismo cultural, austeridad fiscal, rigidez religiosa y misticismo sobrenatural…”. Esta Nueva Derecha hablaría de derechos “dados por Dios”, a diferencia de los “dados por el gobierno”, lo que equivale a decir que eso de la igualdad entre los seres humanos –principio democrático fundamental– es cosa de advenedizos que, siendo inherentemente inferiores, pretenden elevarse o igualarse a través de extraños artilugios modernos como los “derechos humanos”.

Como explica Cowan, para estos ultramontanos, el humanismo secular en la educación constituía una seria amenaza a sus principios (con sus hijos no se metan).

Las reuniones del elitista IPF de Weyrich, financiadas por multimillonarios conservadores como Joseph Coors, dueño de la cervecería Coors, reunieron a personalidades como el militar estadounidense Oliver North –centro de la trama de corrupción internacional Irán-Contra– con líderes del Ku Klux Klan. En el Brasil de hoy, parte del financiamiento conservador proviene de una industria cárnica que ve a la población indígena como un estorbo que hay que desaparecer.

El concepto detrás del IPF sería exportado con éxito a Argentina, Brasil, Guatemala, El Salvador, Israel, Canadá, Australia y varios países más alrededor del mundo, lo que sugiere que la Nueva Derecha no sería, en realidad, tan nueva. Tampoco “llegó tarde” a la batalla cultural, como repiten sus jóvenes influencers en YouTube (la nueva generación de propagandistas de la reacción). En su lugar –y ya desde la década del 80–, las conferencias internacionales del IPF no solo “colocaron los asuntos morales al frente de la batalla cultural”, como explica Cowan, sino que también “apuntaron a introducir a sus miembros en el uso de técnicas modernas que emplearan los medios masivos para los objetivos conservadores”.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 610 año 13, del 04/11/2022,   p13

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