Perú: Muñecos de felpa

Juan Manuel Robles

Son tiempos malos y ya no está Pedro Castillo para echarle la culpa al comunismo, a la improvisación, al populismo y a la proverbial inutilidad de los rojos. Al contrario, son días en que la derecha domina y se hermana para someternos a su estilo y a su visión de país, o de ciudad, o de distrito. El muñeco de felpa Techito, que se hizo famoso mientras Alejandro Toledo volaba al infinito y más allá en el avión parrandero, pasea con el muñeco Porky y verlos juntos —los ojos gigantes, estáticos, los bracitos alzados, la sonrisa inmóvil como en un sueño extravagante— es ver lo que hoy nos toca. En la trivialidad de esas figuras se halla el destino actual del que no saldremos por buen tiempo.

A mí me da risa y luego me aterra. Me da risa porque se supone que estos señores —Rafael López Aliaga y Carlos Bruce— son los que sí saben. Cuadros de derecha que llegan a altos cargos con un supuesto perfil gerencial, hombres de cálculos y cifras, de lucro —¿qué de malo tiene el lucro?—, con experiencia suficiente para dotar de pragmatismo a la gestión pública, con un casco de ingeniero en la cabeza, en las manos un papel desenrollado para ver los planos del futuro mejor y, por supuesto, los pies siempre en la tierra. Pero a la hora de la hora —a la hora de proponer soluciones— esos maestros de la gestión son solo criaturas temperamentales, sin filtro, que hablan para la tribuna y ciertamente dan pena.

Ahí va Techito caminando por los semáforos en rojo, con ademanes de experto. Como un limpiaparabrisas mató a un conductor, su gran solución es anunciar la prohibición de la actividad de limpiar lunas en todo el territorio… de Surco. Si quieren limpiar lunas, que se vayan a otro distrito, dice este hombre que antes se presentaba como un activista contra la discriminación, y que ciertamente fue promotor de la frustrada Ley de Unión Civil en 2014. Pues parece que luchar contra la homofobia no implica luchar contra la aporofobia, así que ni modo, que los limpiadores descamisados se jodan. La medida es absurda, criminaliza a quien no debe, agudiza el castigo social en un país al que la informalidad sigue salvando del infierno. Días después, Techito sale a hablar tras el asesinato de un efectivo de Serenazgo a manos de un avezado delincuente. ¿Su propuesta de gerente, de desarrollador? Darles armas no letales a los guardias de la seguridad municipal.

Como si no estuviera visto de sobra que las armas en manos de efectivos de Serenazgo (civiles contratados y mal pagados) solo provocarían una delincuencia más feroz, con criminales que dispararán primero, por si acaso. Como si no supiéramos de qué pie cojean los malos serenos, que con poder tienden al abuso, cosa que saben bien los ambulantes y los jóvenes que deciden bailar —o comer, o besar— en los parques públicos.

Y luego aparece el hermano de felpa, Porky, toda una autoridad cerebral en el sillón de alcalde, un emprendedor a emular, con soluciones a flor de labios. López Aliaga, el candidato que prometió convertir Lima en una potencia mundial, anuncia su propuesta para hacer frente a la delincuencia de la ciudad: sacar al Ejército, los tanques, para que controlen la cosa. Lo alucinante es que esta idea —un lugar común absoluto— la lanza días después de afirmar que se deben poner más macetas para combatir el crimen, porque el ornato espanta a la delincuencia. Una versión libre y chata de la Teoría de las Ventanas Rotas, supongo, sin ningún plan ni respaldo, que a los pocos días es corregida por la vieja confiable: militares a las calles.

Pero decía que, además de risa, me aterra. Me aterra porque, aunque los muñequitos dan gracia, hay algo cierto: pueden llevar a cabo sus locuras. Ellos sí pueden. Cualquier idea poco realista que propone la izquierda es desmontada al día siguiente en ocho diarios nacionales, cinco noticieros, y con los mismos tres “especialistas”. Una idea estúpida de la derecha y los ayayeros aplauden como focas, los presentadores ponen cara de asombro, se genera un clima de “debate”.

Además, ideas alocadas como las de estos muñecos de felpa muchas veces tienen sponsor lobista preparado para la acción. Así vemos en los medios hablar a un “experto” en seguridad que dice que el uso de armas “no letales” sí es posible “previo entrenamiento” y con pruebas psicológicas. El experto que habla es el mismo que posee la empresa de seguridad que vende esas armas y da el entrenamiento, conectado con el centro médico que hará las “pruebas psicológicas”, pero eso nunca ha importado.

Tremendo el radicalismo irracional, populista, improvisado, de estos políticos “gerentes”. Y sin embargo, de ellos la gran prensa no dirá que son mediocres, que nos tienen a la deriva, nadie los llamará incompetentes, ningún índice pomposo registrará el riesgo en que nos colocan sus medidas.

Ay, la derecha en el poder. Muñecos de felpa afiebrados, infantiles. Y pensar que son los que suelen exigir que cualquier ley de esas que ayudan a los más desfavorecidos tenga su informe técnico, su análisis costo beneficio, su estudio de impacto en los mercados. Estos rigurosos policías de la demagogia ajena, estos críticos acérrimos del desorden gerencial, deberían mirarse al espejo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 632 aÃño 13, del 21/04/2023, p18

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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