Perú: Ya sale Montesinos

Ronald Gamarra

Vladimiro Montesinos está más cerca de cumplir su sentencia condenatoria de lo que cualquiera imagina. En verdad, su liberación está a la vuelta de la esquina, a un tiro de piedra. El tiempo pasa ligero, precipitado y rápido, sobre todo cuando se mira hacia atrás, en retrospectiva. Como sabemos, sobre Montesinos han recaído numerosas penas de privación de libertad en decenas de procesos judiciales incoados por los innumerables crímenes cometidos cuando era el super asesor presidencial, es decir, el primer cómplice de Alberto Fujimori, con quien cogobernó en dictadura durante la década de los 90. De todos esos castigos, el más riguroso le impone 25 años de cárcel.

Es una sentencia dictada por la masacre de Barrios Altos, cometida el 3 de noviembre de 1991, cuando el destacamento militar Colina, del Ejército peruano, allanó brutalmente una fiesta, una pollada, de un grupo de personas humildes, muy pobres, que habitaban un caserón ruinoso y tugurizado de esa zona del Centro Histórico, a quienes ametrallaron de inmediato, asesinando a 15 personas, incluido un niño de 10 años, e hiriendo gravemente, con lesiones de por vida, a otras cuatro personas. El destacamento Colina había sido formado y gozaba de la protección directa del gobierno de Montesinos y Fujimori, que incluso condecoró a sus miembros y hasta dictó no una sino dos leyes de amnistía para favorecerlos especialmente.

A diferencia de Fujimori, que se dio a la fuga y se refugió por largos años en Japón, Montesinos fue capturado en el año 2001 en Caracas, a donde había llegado bajo la protección del régimen de Hugo Chávez, que sin embargo tampoco estaba dispuesto a jugarse a fondo por el espía peruano caído en desgracia y no dudó en entregarlo apenas fue descubierto y ubicado. De inmediato, el doc fue traído de las orejas al Perú y puesto a disposición de la justicia. Por eso, aunque la sentencia se dictó muchos años más tarde, el cómputo de la carcelería de Montesinos comienza en el 2001.

Fue capturado en Caracas el 24 de junio de 2001, por tanto, los 25 años de privación de la libertad de Montesinos se cumplen el 23 de junio de 2026. Según el régimen de ejecución penal peruano que rige para él, a diferencia de otros sistemas en el extranjero y el que ahora está vigente entre nosotros, las penas no se suman ni se cumplen una a continuación de la otra, solamente se subsumen en la sanción mayor. Importa poco o nada que, además de la condena de 25 años, tenga otros veredictos por 10, 15 o 20 años. Incluso puede tener otras sentencias a 25 años: no interesa, todas las penas menores o iguales se disuelven, se evaporan, se reducen a la duración del castigo mayor. Es la ley y corresponde acatarla, no sacarle la vuelta ni elaborar interpretaciones antidemocráticas para violar sus derechos y someterlo a carcelería indebida.

Así pues, Montesinos volverá a estar en circulación a los 81 años, con aparente buena salud y con ánimos de seguir fregando la paciencia. En menos de tres años estará en libertad, justo a tiempo para la instalación de un nuevo gobierno, si es que realmente hay elecciones para entonces, pues con la calaña de políticos que hoy dominan, ya nada es seguro: ni el llamamiento a comicios ni la continuidad democrática. Tal vez sueña con pasar de la cárcel a influir tras el trono del poder susurrando planes al oído del nuevo gobernante, quien quiera que sea (por ejemplo, la Chika, a quien ya le enviaba consejos y programas desde su encierro en la Base Naval del Callao en las elecciones del 2021).

Aquello fue un escándalo mayúsculo. Se descubrió que Montesinos no cumplía su pena en la celda y patio que le correspondían en la prisión de alta seguridad de la Base Naval, sino que tenía acceso libre a los ambientes administrativos de la chirona y que hacía uso libérrimo del teléfono fijo de la comandancia naval. Si bien, ante el escándalo, se anunció que esa gravísima irregularidad se investigaría hasta establecer las responsabilidades a que había lugar, nada de eso sucedió y se enterró el asunto sin aclaración alguna hasta hoy. La verdad es que Montesinos fue sentenciado y encarcelado, pero nunca desapareció del todo de la política local. Más bien se las ingenió para mantener vigencia y sobre todo vínculos, y contó para ello con numerosas complacencias y favorecimientos al más alto nivel.

Sin embargo, lo peor no es que Montesinos nunca se fuera del todo de la política local, sino que esta, sobre todo en los últimos años, se parece cada vez más, hasta extremos de caricatura, al mundo sórdido que Montesinos y su adú Fujimori impusieron en la década vergonzosa de su dominio. La diferencia es que hoy son varios los círculos de corrupción que disputan el control del poder: no hay un centro indiscutible activamente corrupto y corruptor como el que él impuso en los años 90. Tal vez Montesinos sueña con salir de su encierro y organizar su propio club en atolondrada competencia con el fujimorismo, el porkismo, el cerronismo, el acuñismo, el pepelunismo y otros fenicios y malas hierbas. Quién sabe, tal vez ya lo está haciendo.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 657 año 14, del 13/10/2023

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