Ellos, pobrecicos

Andrea Momoitio San Martín

Sí, el 44 por ciento de los hombres opina que la igualdad ha ido demasiado lejos y los discrimina, pero la encuesta del CIS arroja otros datos interesantes. El 66 por ciento de las personas encuestadas vinculadas a los cuerpos de seguridad está muy de acuerdo o bastante de acuerdo con que se ha llegado demasiado lejos.

El CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) ha preguntado sobre feminismo. No preguntan qué opinamos de la monarquía, pero acaban de publicar la encuesta monográfica ‘Percepciones sobre la igualdad entre hombres y mujeres y estereotipos de género’. ¿Primera conclusión? Cuidado con el alarmismo que es, por definición, pesimista. Eso no quiere decir que comparta el optimismo con el que Irene Montero o Ángela Rodríguez Pam han celebrado los resultados aunque, la verdad, se agradece.

El lunes, tras conocerse los resultados, los principales medios replicaron los mismos datos con el mismo titular: el 44 por ciento de los hombres opina que la igualdad ha ido demasiado lejos y los discrimina. Ellos, pobrecicos. En la radio un hombre cualquiera sulfuraba ante el micrófono: “Claro, claro. Es que ni una cosa ni la otra. No nos podemos pasar de la raya”. Me gustaría saber dónde cree él que está la raya y no deja de sorprenderme su tono de satisfacción. Los datos, por fin, corroboran lo que él ya sabía. Eso que comenta siempre que tiene ocasión con quien esté dispuesto a escucharle: que nos estamos pasando, que vamos demasiado lejos, que vamos muy rápido, que las cosas no son así como nosotras decimos, que él ayuda mucho en casa y que su mujer está encantada con el reparto de tareas.

Seguro que muchas, al ver la noticia, pensamos entonces en los amigos de Pedro Sánchez. Esos amigotes, de “40 o 50 años”, que se sentían “incómodos” con algunos discursos. Esos hombres que, como el hombre cualquiera de la radio, se irritan cuando se les señalan actitudes machistas o cuando las conversaciones les obligan a opinar sobre LA IGUALDAD. Esa idea que cae como una losa sobre su sofá y les cuestiona cuando hacen lo que les sale de los cojones. La verdad es que no son ellos los que deberían preocuparnos. De hecho, lo sé, a algunas no nos preocupan tanto. La periodista Irantzu Varela mandaba un beso a todas las mujeres heteras que, al ver los resultados, pensaron que sus maromos forman parte de ese 56 por cierto que no expresa su incomodidad. Un beso para ellas también de mi parte, pero me temo que muchos mienten y que ellas, por supuesto, lo saben. De hecho, en la encuesta se pregunta también si en el Estado español “a la hora de aplicar las leyes se da el mismo trato a todos o se hacen diferencias según de quién se trate”, en torno al 70 por ciento asegura que se dan diferencias.

La pregunta del CIS es, de hecho, tramposa. La incomodidad es un concepto que se nos escapa entre los dedos y una sensación que nos agita a todas. Claro que el feminismo es incómodo. No puede ser de otra manera. No les necesitamos para conseguir recuperar los espacios de poder –entendido el poder en su sentido más amplio–, lo que necesitamos es que saquen sus sucias manos de lo que es nuestro. Que se retiren, que pierdan, que se incomoden, que aprendan a vivir de otra manera, que no nos necesiten y no necesitarles. Que sean honestos y, sí, que hagan uso de toda esa valentía que históricamente se les ha atribuido para no jodernos más.

Lo veo a mi alrededor. Muchos hombres parecen tener cierto miedo a ser acusados de machistas y tratan de disimular. La verdad, no me parece mal. Entiendo que tiene que ver con una lucha interna entre lo que sienten y lo que saben que es más justo y, sobre todo, más correcto. Quizá por eso la incomodidad se expresa con más libertad entre los más jóvenes: la idea de que la igualdad ha ido demasiado lejos y los discrimina está extendida, sobre todo, en hombres entre 16 y 24 años. Lo transgresor y lo rebelde, hoy, está en la derecha y es más habitual que durante nuestros años mozos expresemos con más libertad nuestros pensamientos. No puedo evitar acordarme de un chavalín bastante idiota con el que coincidí en un instituto. El tipo trató de boicotear mi intervención, por activa y por pasiva, haciendo preguntas ridículas y sugerencias descabelladas. Ante la típica imagen de tres críos mirando una pista de no sé qué deporte, cada uno de ellos subido a un escalón de más o menos estatura en función de la de cada chaval para que todos pudieran ver de la misma manera, este criajo alegaba que “si eres pequeño” te tienes “que joder y punto”. Preguntaba, muy airado: “¿Ahora también tenemos que dar una paga a los bajitos? Que se jodan y punto. Eso no es justo”.

Los cuerpos de seguridad

Hace unos meses supimos que tres de los asesinatos machistas ocurridos en verano habían sido cometidos por expolicías o ex guardias civiles. Una de las categorías con las que se cruzan los datos en la encuesta del CIS es la laboral: ocupaciones militares y cuerpos policiales es una de ellas. Por eso, por ejemplo, sabemos que el 98,1 por ciento de los encuestados en este campo tienen la nacionalidad española. Es el porcentaje más alto entre todas las ocupaciones analizadas. Sabemos también que el 56,1 por ciento opinan que preferían vivir en “una sociedad en la que la gran mayoría de la gente tenga el mismo origen, cultura y religión”. Al ser preguntado por el nivel de desigualdades, el 80,9 por ciento cree que son pequeñas o casi inexistentes. El 66 por ciento está muy de acuerdo o bastante de acuerdo con que se ha llegado demasiado lejos con la igualdad. Les siguen las personas trabajadoras dedicadas a la pesca y a la agricultura con un 59,1 por ciento.

En la encuesta, sin embargo, hay datos muy positivos: solo un 16 por ciento del total de la gente encuestada no se considera feminista. Es decir, de alguna manera, en mayor o en menor medida, sí que se consideran feminista el 84 por ciento de las personas encuestadas. Bueno, sí, o eso dicen.

¿Vamos por el buen camino? Sin ninguna duda. Por el buen camino llevamos ya mucho tiempo. Nunca hemos dejado de estarlo. Las mujeres y las personas LGTBQIA+, de una manera o de otra, hemos reclamado históricamente nuestro sitio, lo que pasa es que a veces nos han puesto piedras en el camino y otras veces, murallas. De hecho, ahora estamos especialmente atentas porque somos conscientes de que están tratando de construirnos una nueva. Esto solo significa que vamos a tardar más en avanzar, pero al lucha del movimiento feminista es imparable.

Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2024/01/ellos-pobrecicos/

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