Perú: Monstruo
César Hildebrandt
«Monstruoso es que tengamos a Jerí, un hombre destinado a llevarle el maletín a Patricia Li, como presidente de la república»
Ha llegado el Monstruo. Pero el Monstruo ya estaba aquí.
El Monstruo no es un delincuente impío. Es lo que hemos hecho con el país.
Somos monstruosos porque hemos aceptado que nos gobierne el hampa y porque simulamos que las elecciones convocadas por ese conjunto de alias con curul serán una salida a esta crisis que asfixia y envilece.
Monstruoso no es que las cosas degeneren. Monstruoso es que a nosotros nos parezca que la decadencia sea normalidad, que el Estado incompetente y ladrón sea lo que Dios nos dio como regalo, que los partidos políticos sean federaciones de atracadores al acecho.
Monstruoso es que hayamos aceptado que la SUNEDU ya no fiscalice el nivel de la educación universitaria y que las leyes pro crimen se hayan dado una tras otra en un escenario en el que la violencia y la extorsión dinamitera nos tenían arrinconados.
No me asombra que el Perú sufra este derrumbe. Lo que me deja perplejo es que la mayoría haya optado por acostumbrarse. Es la dictadura del miedo, la somnolencia de las viejas servidumbres, la resignación de quienes están convencidos de que del cielo vienen estos cánones.
También es monstruoso que en un país donde la desigualdad es fundamento, haya una izquierda pálida que dejó de pensar y que repite eslóganes con musgo y vende antigüedades. ¿Cuba no es un fracaso? ¿Ortega no es una caricatura? ¿El chavismo no fue un experimento suicida? No, contestan los tristes bisnietos de Mariátegui. Nada está claro para ellos, toda es la nube gris que nubla su camino, todo lo que callan procede del hábito que Stalin impuso con su mano de hierro. Hablan en vinilo y cantan trovas que pasaron de moda.
La revolución, cuando venga, no impondrá una dictadura de expropiadores y delatores. La transformación que nos espera será liberarnos del consumo, hacernos conscientes de que la obscenidad de las grandes fortunas debe acabar por consenso universal. El gran cambio consistirá en tratar de evitar la catástrofe ambiental y dotarnos de un filosófico desprecio por la acumulación de cosas y prejuicios. El nuevo mundo será en muchos sentidos socialista, pero no como lo conciben quienes siguen creyendo que el socialismo es unanimidad y mortal aburrimiento.
Monstruoso es que tengamos a Jerí, un hombre destinado a llevarle el maletín a Patricia Li, como presidente de la república. Mundialmente monstruoso es que en Davos se haya presentado el proyecto para hacer de Gaza un balneario para ricos y de los palestinos martirizados habitantes obligados de un campo de concentración bajo control tecnológico. Monstruoso es este siglo en el que Europa abandonó toda aspiración de ser ejemplo y monstruosa es la prensa que logra, con mucho éxito, que la gente contraiga la adicción de no pensar. Monstruosas son las redes que colonizan el cerebro de los jóvenes y los habitúan a ser felices viendo y oyendo coloridas misceláneas de la nada.
Monstruosas son las derechas –incluida la peruana– que ven en Donald Trump al hombre del futuro y no al delincuente internacional que salta de liana en liana y tiene una excelente comunicación con sus hermanos simiescos. Monstruoso es apostar en el Perú por el inmovilismo y la condena perenne de los pobres. Y más monstruoso aún es prometer el orden fujimorista como la tabla que nos sacará del voraz remolino del naufragio. El orden de Fujimori fue mentir desde el origen, arrasar con los derechos del trabajador, gobernar para los de arriba y viajar a los pueblos paupérrimos a ofrecer obras menores. Si ese orden regresara, parte del Perú –empezando por el sur andino– se alzaría. Quizá así tendríamos la revolución francesa que no tuvimos.
Alias Monstruo ha llegado. No es un retorno: es una redundancia.
Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 767 año 16, del 30/01/2026
