Perú: Keiko y el Ministerio de las Geishas

Juan Manuel Robles

«Los que vamos a votar por Roberto Sánchez lo haremos, antes que nada, para evitar que Fuerza Popular tome el poder total»

De todas las prácticas del fujimorato que ahora amenaza con traer de vuelta Keiko —quien ganará las elecciones si Sánchez no se pone las pilas— una que me provoca verdadero terror es el control total de la información. Y me provoca terror porque, como todos pueden verlo, es algo que ya empezó a ocurrir. Frente a nuestros ojos, en los últimos años se ha conformado una parrilla de televisión donde parece normal que para excluir o tratar como sospechoso —o criminal— a un candidato lo único que se necesita es ponerle la etiqueta de “comunista”. Es una televisión monocorde, una parodia de pluralidad, un espectro falso en el que en el extremo derecho está Thorndike, en un centro “mesurado” anda Milagros Leiva y en el extremo izquierdo se encuentra Juan Carlos Tafur, que, por supuesto, es de derecha.

Por no hablar de casi todos los diarios y conglomerados. No solo es la práctica de tirar lodo contra el candidato “rojo”, de abordarlo siempre con mala leche desde el peor ángulo. Si miran con atención encontrarán la repetición de ideas fuerza, conceptos y hasta términos que son los mismos que dice la candidata favorita. O hay una gran coincidencia aquí, o ha habido conversaciones entre los estrategas de campaña y los directores de esos medios. Parece lo último.

Así están las cosas. Keiko Fujimori ha logrado un apoyo que el padre y su socio Vladimiro Montesinos solo pudieron conseguir pagándoles sobornos a los directores de medios, caletamente, en la salita secreta del SIN. Qué suerte tuvieron Calmell del Solar, Crousillat, Winter, que cobraban en armadas por el trabajo de manipular y mentir. Hoy todo eso viene incluido en el pacto y nadie pide un extra. Es más. Lo que antes requería una cabeza creativa que genere los titulares desde el fujimorismo hoy lo hace la propia capacidad instalada de los diarios. Y las campañas de demolición que antes necesitaban la estética estridente e irresponsable de la prensa chicha hoy se hacen en diarios de saco y corbata.

Este mundo le parecería Disneylandia a Vladimiro Montesinos. Pero no es solo que casi todos los medios estén dispuestos a echarse y a lanzar fake news para defender a la candidata predilecta. Es que mentir es más fácil que nunca.

Acabamos de confirmarlo. Las movilizaciones de López Aliaga han demostrado que el manual de la desinformación funciona con particular eficiencia en un país como el Perú, incluso entre personas con mayor poder adquisitivo y educación que la media nacional. Con noticias falsas armaron una narrativa de “fraude” que se instaló de verdad; hay gente en Lima que cree realmente que hubo juego sucio y que se perjudicó adrede a un candidato, y que eso cambió decisivamente los resultados. Se han comprado esos cuentos delirantes: la tardanza supuestamente intencional por obra de Corvetto, los digitadores venezolanos, el software manipulado, la serie 900 mil con presuntos votos fantasmas.

El desmentido, en todos los casos sencillo y sustentado con hechos verificables, no sirve. En cosa de semanas la narrativa se ha convertido en una mole gigante y rígida.

Es terrible observarlo porque, en un país más proclive que nunca a la desinformación, el partido que gobernó usando la desinformación como arma fundamental está más o menos cerca de ganar las elecciones.

Ya estamos viendo el tráiler de la película que se nos viene. No es solo que se difunda como si nada cualquier mentira sobre Sánchez, el candidato “enemigo”. Hablamos también de algo más sofisticado: hablamos del borrado de los hechos que comprometen a la candidata “buena”. El silencio impune como práctica cotidiana. Keiko no solo es tratada con guante de seda por la prensa. Su control informativo ha logrado algo fantástico: que se omitan antecedentes que cualquier periodista tendría que incorporar, por claridad y contexto.

Así asistimos a un encantamiento, una amnesia de facto. Keiko lanza su candidatura y nadie le recuerda que en la última elección prometió no postular más. Hace una supuesta autocrítica y nadie apunta que en 2016 ella firmó un documento en que hacía una serie de compromisos. Uno de ellos era particularmente llamativo: “Me comprometo a profundizar el trabajo de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y a reparar a las víctimas de la violencia”. Y es llamativo por lo descarado. En estos años, el Congreso dominado por Fuerza Popular ha vejado el Informe final de la CVR, se ha dedicado a crear mecanismos de invisibilización del documento y hoy hasta censura su contenido, proscribiendo la denominación “conflicto armado”. Las víctimas de la violencia del terrorismo de Estado no han tenido mayor atención del fujimorismo; al contrario, son estigmatizadas y hasta castigadas con una ley de amnistía para sus victimarios, promovida por esa agrupación.

Nada más ese compromiso, que hoy suena a chiste, es la prueba del cinismo de Keiko, de su capacidad de prometer algo totalmente distinto a lo que realmente piensa. Pero la prensa en pleno la ayuda a dejar aquello atrás.

Sin esforzarse, Keiko pasa a otra cosa e impone su agenda. Por eso puede anunciar su meta de cien mil personeros para la segunda vuelta como si fuera una Teletón, sin que ningún periodista vea con sospecha el anuncio. ¿Por qué habríamos de sospechar? Pues porque tan solo una elección atrás Keiko, usando como excusa un fraude inexistente, quiso eliminar votos, decenas de miles de votos de peruanos, vía impugnaciones y artimañas legales. Lo hizo por no aceptar los resultados en que ganaba Pedro Castillo. ¿El anuncio de un ejército de personeros no es señal de que se repita esa infamia? Es una buena pregunta para cualquier periodista. Lástima que no esté en el libreto.

Los que vamos a votar por Roberto Sánchez lo haremos, antes que nada, para evitar que Fuerza Popular tome el poder total. Eso también incluye el ámbito de la información. Porque Keiko aprendió del padre —su modelo de gobernante— que, para mandar sin problemas, la prensa debe estar alineada (y al que no se alinee, pues lo hacemos quedar como mentiroso, negativo, antiperuano, filoterrorista). No dejo de imaginar que un posible gobierno de Keiko consolidará estas prácticas. Cierro los ojos y pienso en un secretario de prensa que simplemente negará la realidad sin parpadear, sabiendo que las geishas copiarán textualmente sus palabras, por más delirantes que sean esas historias.

21-05-2026

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 783 año 17, del 22/05/2026

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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