Presa de desesperación


César Hildebrandt

Melissa Patiño Hinostroza tiene 20 años y piensa que el mundo puede ser distinto. O sea que piensa que los pobres no tienen por qué ser eternos, que la neumonía no debería cundir en cada invierno de las callejuelas, que el doctor García podría ser menos ahijadito de Bush, Bush menos padrino de la mafia de Cheney, el dinero menos principal y la posibilidad de mirar las musarañas y no morir a manos de un microbusista, algo menos remoto de lo que es ahora.

En fin, Melissa Patiño tiene 20 años, estudia Administración de Empresas en San Marcos, escribe poesía, es miembro del grupo cultural “Círculo del sur”, trabaja en la producción del programa radial “Todas las voces” (Radio Stereo Villa 101.7) y, representando justamente al director de ese programa, acudió al segundo encuentro de la Coordinadora Continental Bolivariana, que se realizó a puertas abiertas en Quito, Ecuador, con delegaciones juveniles del país anfitrión más Venezuela, Uruguay, Brasil, Perú, Argentina y Cuba.

De regreso al Perú, Melissa tomó un ómnibus puesto a disposición por los organizadores del evento. Al cruzar la frontera, en Aguas Verdes, fue detenida por la policía política peruana, esposada, fotografiada, grabada por las cámaras solícitas de la televisión y exhibida en la prensa como “una de las terroristas que estuvieron en una reunión en Quito, donde se tramó cómo sabotear las cumbres de jefes de Estado que está preparando el Perú”.

Melissa Patiño no pertenece al MRTA ni simpatiza con ese grupo que, en efecto, confundió la rebeldía de los pueblos con el asesinato sectario. Tampoco, desde luego, tiene que ver con Sendero, la sucursal del difunto Khmer Rouge en el Perú. Es más, Melissa no tiene ejercicio partidario alguno y si en alguna juventud milita es en la suya, que apuesta por la cultura como agenciadora de mejores tiempos y en los recitales como pretexto para conocer a gente de palabra. Melissa no es una guerrillera pero tampoco cree que este sistema, que hiede a la legua, pertenece, como cree ahora el doctor García, a la esfera de lo sagrado. No, por supuesto.

Pero hay que ser tan obtuso como Alva Castro, tan brutalmente fascista como el jefe de esa policía que el Apra ha ensillado, para decir que en Quito, durante ­una cita tumultuosa de 800 personas, a tiro de cámaras de TV y periodistas de todo calibre, se complotó para arruinar de modo sangriento las cumbres que se llevarán a cabo en el Perú. Si así hubiese sido, el gobierno de Correa es el que habría tomado cartas en el asunto. No, general Octavio Salazar: que Alfaro viva, carajo, no tiene que ver en este ­asunto: en Quito hubo una reunión juvenil internacional donde se habló de la economía globalizada, del hambre también internacional, de las conjuras de Washington en relación a América Latina (a las que usted sirve sin saberlo), de las maquinarias represivas (de las que usted es emblema), de Bolívar y Martí (par de subversivos, oiga usted) y donde, en un momento dado, las FARC aprovecharon para lanzar un vídeo de Raúl Reyes, vídeo que resultó testamentario porque, días después, las fuerzas combinadas colombo-norteamericanas ­agujerearon su escondite invadiendo, precisamente, territorio del Ecuador, fíjese usted.

Decir que todos los que vieron un vídeo de Raúl Reyes están dispuestos a dinamitar los hoteles cinco estrellas de Lima cuando la Apec despliegue su agenda en Lima en medio de miles de policías encubiertos, eso es algo que sería sólo mostachudamente ridículo, como usted mi general, si Melissa Patiño no estuviese presa en Santa Mónica.

En la hipótesis negada de que Melissa tuviera alguna cercanía amistosa con gente que quiere hacer del MRTA un partido político, ¿qué diablos habría de punible en ­eso? Semanas después de su detención, la policía de los Alva Castro no ha mostrado una sola prueba que justifique la detención de Melissa o la de los otros seis peruanos detenidos en la frontera norte y tratados como si este fuera el reino del Chivo Trujillo.

Un puñado de escritores e intelectuales que no salen en los periódicos, que no quieren salir en los periódicos, hicieron un plantón pidiendo la libertad de Melissa Patiño. La policía que el Apra quiere ensuciar hasta donde sea posible, cargó contra los manifestantes y los aporreó. ¿Para esto nos liberamos de Fujimori, mientras Agustín Mantilla –esa mugre dizque de aprismo irrenunciable– recibía dinero de Montesinos en la salita del SIN?

Sorprende, además, el silencio de la “cultura oficial”. ¿Dónde están los que hubiesen puesto el grito en el cielo (legítimamente) si algo como lo de Melissa Patiño hubiese sucedido en la Venezuela de Chávez o en la Cuba de Castro? ¿Debajo de qué camas tiemblan o sobre qué camas se distraen los que deberían decir algo en relación a este periodo de intolerancia que el Apra, con la ­anuencia de la prensa fenicia, está imponiendo?

¿Qué quiere el doctor García? ¿Imitar a Haya en sus volúmenes, en su viudedad doctrinaria y en su amor por las alianzas oscuras, pero terminar pareciéndose a ­Odría en su entendimiento de la democracia? ¿Haya y ­Odría en una sola persona? ¿La Coalición Apra-Uno hecha carne?

¿Y qué está pasando con la prensa peruana? Aparte del parricidio fáctico perpetrado por Gustavo Mohme Seminario, ¿qué otra cosa tendremos que lamentar?

¡Liberen a Melissa, manga de abusivos!

http://diariolaprimeraperu.com/online/noticia.php?IDnoticia=13705

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*