Triple alianza contra la selva

Raúl Wiener
El fujimorismo ha querido hacer oficial esta semana que no sólo es capaz de danzar en el elemental ritmo del baile del chino, sino que sus parlamentarios se mueven según las circunstancias. Para muestra, está Rolando Sousa, uno de los pocos que no tuvo que hacer el ridículo en el cumpleaños de Keiko Fujimori, pero que sí lo ha hecho en la sesión del pleno del último jueves. Fue el único orador del partido de la mafia para el tema de los amazónicos y el vocero de una aparente posición proderogatoria del decreto legislativo 1090. Pero fue también uno de los primeros en dar su acuerdo a la moción-maniobra de Mulder, para que el debate se postergara para después que Simon concluya los trabajos de su mesa de diálogo y subcomisiones con la que se quiere huevear hasta el infinito a los pueblos indígenas.

La verdad, como dice Pastor, es que mientras nacionalistas y apristas llevaban el peso del debate, los seguidores del condenado negociaban una “solución” a lo que formalmente su vocero ha condenado como inconstitucional y el APRA defiende como de plena constitucionalidad, y el momento de converger vino cuando Werner Cabrera pisó el palito de Del Castillo y les dio el pretexto extra reglamentario para suspender la sesión.

Es claro que si no había base para que la triple alianza APRA-UN-Fujimorismo, funcionara para un voto contra la derogatoria que incendiaría aún más la selva y sería un golpe muy duro a la candidatura de Keiko en las provincias, sí podía haberlo para una postergación, que el gobierno imagina que debilitará la presión de la lucha y Sousa y compañía aprecian como el terreno para una mejor negociación.

De Unidad Nacional (que a estas alturas no es más que PPC), hay que decir que ellos siguen creyendo que son los que dictan el programa y la ideología que está gobernando, por eso Bedoya de Vivanco suele cumplir el papel de abogado elegante (para decir sandeces como en la elección del contralor) al servicio del APRA, cuya manera verdadera de debatir es la que mostraron Cribillero y Del Castillo. En este caso, también, la derecha política encomendó a uno sólo de sus ponentes decir en público que votaba contra los indígenas y que la violación de la Resolución 169 de la OIT, era un asunto de legalidad y no de constitucionalidad, como si la Constitución del 93 y la del 79, no obligaran a cumplir tales convenios que no pueden ser alterados por ninguna ley.

El PPC tiene ya una historia de jugar el papel de segundón del poder: Constituyente 78-79, segundo gobierno de Belaunde, Fujimori, Toledo, y ahora también con García. En realidad ese partido cree que siempre se adelantó a lo que después harían los gobiernos. Pero lo cierto es que fue al revés: ellos perdieron las elecciones porque su programa jamás ha sido votado por la mayoría de la población peruana y su amiste posterior con el poder se debe a que uno tras otro los gobernantes han traicionado lo que ofrecieron. Como diría Lourdes Flores, había que decir que las promesas no se podían cumplir, y a otra cosa. De esa manera el partido lourdista es el de los acompañantes de la traición política. Como el último jueves, cuando parecía que eran los únicos para los cuales el factor de la insurgencia selvática virtualmente no existía. Si sus votos son enteramente de Lima y de peruanos en el exterior, no tienen ningún interés en problemas indígenas y de regiones remotas. Y ya saben que nunca van a ser elegidos con su base social, pero que siempre serán el aliado del llamado realismo de gobierno.

Si sus votos son enteramente de Lima y de peruanos en el exterior, no tienen ningún interés en problemas indígenas y de regiones remotas.

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