EN PERÚ, UNA RUIN LUCHA ANTIDROGAS


Francesca Emanuele

La guerra contra la droga en Perú es similar a cualquier otra guerra: la clase trabajadora es quien la padece en el campo de batalla; y las esferas dominantes son los que la ganan y la impulsan, valiéndose de ella para desbordar sus bolsillos, criminalizar a una población histó¬ricamente desposeída, y abrillantar su poder.

Cuando el presidente Humala abrazó el cargo por la izquierda, decidió romper con la política fracasada antidrogas aplicada en Perú. Designó a Ricardo Soberón como presidente de la Comisión Nacional de Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), quien criticó la erradicación irracional de los cultivos de coca, la que producía la pauperización de los campesinos productores –junto con su criminalización– a la vez que empujaba la traslación de los cultivos hacia otros territorios del país.

Solo hace falta apreciar algunos datos para comprender el fiasco de la estrategia llevada a cabo en las últimas 30 décadas. Según un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en 1999 Perú tenía 38 mil hectáreas de cultivo de coca. Desde aquellos años hasta hoy, se han erradicado casi 136 mil hectáreas. Sin embargo, en la actualidad, existen más de 62 mil hectáreas, un incremento de un 63%.

Ricardo Soberón no trastabilló al frenar momentáneamente la erradicación irracional de los sembríos. Aquel parón tenía el propósito de evaluar la situación del narcotráfico, para luego plantear estrategias eficaces, distintas al sinsentido de legislaturas anteriores. EE.UU. reaccio¬nó de inmediato, exigiendo explicaciones. Los medios de comunicación de derecha hicieron eco de las reclamaciones yanquis, desconociendo (aparentemente) que tales exigencias contravenían nuestra soberanía nacional.

Poco tiempo después, caía el primer y único gabinete progresista de Humala. El cisma había comenzado, y los propulsores de “La Gran Transformación” se fueron haciendo a un lado. Soberón dejó el cargo, y la lucha antinarcotráfico reconducía su sendero, para seguir bajo el yugo norteamericano.

Para 2013, se ha anunciado la erradicación de 22 mil hectáreas de cultivos de coca, una cifra que casi duplica lo erradicado en cualquier año de nuestra historia. Los dos dígitos millonarios –en dólares– que aporta EE.UU., más las tropas y vehículos aéreos que envía a Perú –según diversas fuentes– serían las formas de ayuda colonizadora que el país de Britney Spears nos brinda en la “guerra contra las drogas”.

A pesar de ello, continuamos peleándonos (con Colombia) el puesto número uno en producción de cocaína. Entonces, no es necesario ser erudito para entender que la política antidrogas practicada actualmente en Perú –e impulsada por EE.UU.– no presenta mayor efecto que el de perpetuar la presencia estadounidense dentro de nuestro territorio y, tal vez, ayudar al partido gobernante, potencialmente depositario de dolarizadas donaciones en sus venideras campañas electorales.

Actualmente, conocemos que flamantes figuras del Apra, junto con el expresidente Alan García, están involucradas en alrededor de 400 indultos a narcotraficantes, habiendo cobrado por el “favor” miles de dólares. Merece la pena también recordar el hallazgo de 170 kilos de cocaína en el avión presidencial en 1996, que luego el narcotraficante ‘Vaticano’ señalaría como uno de sus medios de traslado de droga.

Es así que nuestra incoherente estrategia antidrogas, aupada por los intereses colonizadores estadunidenses, y la connivencia de los poderes públicos con el narcotráfico, da como resultado la constancia y ampliación de la producción. Sin embargo, como toda política que no sirve para nada, pero se sostiene en el tiempo, tendrá que mostrar signos visibles de acción. Esos signos visibles son las encarcelaciones a los campesinos micro-productores de cultivos ilegales de cocaína, y las vastas y atropelladas incursiones forzosas de erradicación en zonas de nuestro país donde más del 65% de sus pobladores se ubican por debajo del umbral de la pobreza. La sustitución de cultivos, y la integración de comunidades productoras dentro de una economía alternativa y sostenible, han pasado prácticamente a la historia.

http://diario16.pe/columnista/17/francesca-emanuele/2639/en-peru-ruin-lucha-antidrogas

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