Activismo: herido pero nunca muerto

Claudia Cisneros

Trabajé con Aldo Mariátegui en el noticiero matutino de Canal 2 por buen tiempo. Quienes nos conocen saben que tenemos posiciones políticas opuestas. Sus opiniones son seguidas y celebradas por la derecha peruana. Y ante los ataques infundados que vengo recibiendo de esa gente a raíz de la caída de Susana, Aldo me ha defendido y puesto sus manos al fuego por mí. Pese a ser de justicia y absolutamente verdad que nunca recibí ni recibiría dinero por ninguna de las causas que por convicción defiendo, él no tenía por qué defenderme y lo ha hecho. Y seguiremos discrepando en millones de otras cosas, pero estos gestos se agradecen.

De hecho, discrepo completamente de todo lo demás que dijo en esa columna. Las personas de izquierda a las que se refiere son para mí tan íntegras como Aldo sabe de mí; Rocío Silva Santisteban, Javier Diez Canseco, y los activistas que además son mis amigos y por quienes yo también pongo las manos al fuego, Jason Day y Mónica Sánchez o Paola Ugaz. Personas que como yo no necesitamos que nos paguen por nuestras defensas cívico-políticas, es más, ni siquiera lo permitiríamos porque no las hacemos ni por poder, ni por dinero, ni por afiliación partidaria que no tenemos. Se pueden desgañitar todo lo que quieran los enemigos políticos que nada de eso nos tocará. Sí reconozco que el activismo progresista ahora mismo está herido, como escribí en mi columna hace dos semanas. Herido y golpeado por Villarán, pero no muerto. Susana le ha hecho al activismo más daño incluso que a la izquierda, casi inexistente como representación política con poder en el Perú. Porque el activismo progresista, como respuesta justamente a esa falta de representación política partidaria es una fuerza que en los últimos años ha logrado cosas importantes para el Perú. Ha sido un puntal importante para las movilizaciones contra la corrupción consabida del fujimorismo que intentó recapturar el Estado con Keiko, la corrupción consabida del Apra y sus intentos por liquidar la lucha anticorrupción de #Lavajato. Salimos a las calles, incentivamos y acompañamos movilizaciones, como la que se tumbó la ley de abuso laboral a los jóvenes (Ley Pulpín) durante el gobierno pro-Confiep de Humala.

Y saldremos de nuevo cuando haya que salir. Porque activistas como nosotros no estamos a la defensa de personas sino de los valores que representan en tanto compromiso social, honestidad e integridad. Y si tal persona a quien por su trayectoria dimos el beneficio de la duda muestra traicionar esos valores, el apoyo muere. No nos obstinamos en blindar o respaldar corruptos negando las evidencias.

Por eso, el activismo podrá estar golpeado pero no muerto. Porque lo que combatimos es el mal que usa el poder político para despojarnos a los peruanos de un mejor presente y destino. Este camino también tiene una curva de aprendizaje. Pero sobre todo, tiene un compromiso indisoluble con el corazón que tenemos en nuestro país y por la gente que está en el fuego cruzado. Seguiremos apostando por un mejor país. De eso no quepa la más nanoscópica duda.

https://larepublica.pe/politica/1471438-susana-villaran-activismo-herido-muerto

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