Perú: La elección del Bicentenario

Ariela Ruiz Caro

El triunfo del maestro Pedro Castillo será registrado en los anales de la historia como uno de los hechos simbólicos más significativos e importantes del bicentenario. Con su lápiz y megáfono en mano logró, como diría Eduardo Galeano, encarnar a los nadies y a los dueños de nada. Y, lo más extraordinario, haberse impuesto a la maquinaria mediática, al poder económico, a la campaña inescrupulosa de noticias falsas en las redes sociales y al trato desigual a las dos fuerzas contendientes en la mayor parte de la prensa escrita y televisiva.

Castillo enfrentó además al terrorismo de guante blanco que advertía confiscación de ahorros, estatización de todas las empresas –incluidos kioskos y bodegas– y despidos en las empresas del cada vez más reducido sector formal, si este ganaba.

Mientras se denunciaba en las redes sociales la presencia de brigadas cubanas y venezolanas en el país, nada se dijo sobre la verdadera injerencia en los asuntos internos del país. Siendo todavía presidente del Ecuador, Lenín Moreno acusó a Castillo de ser chavista, proviene de la organización terrorista Sendero Luminoso y que traería miseria, opresión y exilio si triunfaba.

Lo más insólito fue la participación del dirigente del Partido Voluntad Popular y prófugo de la justicia venezolana, Leopoldo López, condenado a 13 años de prisión por participar e instigar las manifestaciones que causaron 43 muertes en Venezuela, en 2014. Desde su exilio madrileño, llegó a Lima para participar al día siguiente del debate presidencial, en Arequipa, junto a Álvaro Vargas Llosa, en la ceremonia en la que Keiko Fujimori pidió perdón por sus errores y prometió defender la democracia. En su recorrido por los canales de televisión instó a los peruanos a no caer en el camino de la desgarrada Venezuela.

En paralelo, Hernando de Soto anunciaba la convocatoria a una conferencia, en junio –con participación de Bill Clinton, George Bush, Emmanuel Macron y Guy Verhofstadt– con el fin de evitar que Perú se convirtiera en la “cabecera de playa de un renovado intento comunista para controlar Latinoamérica”.

La oposición sabe perfectamente que en el Perú no hay posibilidad de un gobierno marxista leninista o chavista si ganara Pedro Castillo. El maestro del lápiz no tiene respaldo en el Congreso y es rechazado por el poder económico, mediático y por las fuerzas armadas. Si Fujimori hubiera ganado la presidencia, hubiera interferido en el Poder Judicial –para evitar la cárcel– como lo hizo también su padre mientras fue presidente. La democracia y la independencia de poderes no les preocupa a sus defensores. Lo que les importa es mantener el statu quo y preservar el modelo y sus privilegios a cualquier precio.

Los desafíos para Pedro Castillo son enormes. En el corto plazo, deberá enfrentar la irresponsable acusación de fraude en mesa “sistemático” de su oponente. El aluvión de votos que esperaba Fujimori en el extranjero fue un fiasco. Solo votó el 35% de inscritos en el padrón y la relación de los que sí votaron fue favorable en 66% vs. el 34% para Castillo. Las actas procesadas que aún no han sido contabilizadas, por presentar las irregularidades usuales de cualquier elección, no le serán suficientes para revertir su derrota. Por eso, prestigiosos abogados están abocados a ver qué encuentran.

Si logra asumir el gobierno, lo hará en medio de la gravísima crisis sanitaria y económica y algunas de sus promesas como la de convocar a una nueva Asamblea Constituyente para redactar una nueva Constitución, será fuertemente resistida.

En cualquier caso, haber derrotado a la artillería desplegada por el poder fáctico y bloqueado la opción autoritaria y corrupta que representa el fujimorismo son legados importantes que se inscriben en el camino iniciado por Chile y continuará en Colombia y Brasil.

https://larepublica.pe/opinion/2021/06/10/la-eleccion-del-bicentenario-por-ariela-ruiz-caro/

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