La Fujimori ha perdido por tercera vez

César Hildebrandt

El hampa fujimorista se juega la vida.

O gana las elecciones que ya perdió, o su lideresa, parte de su familia y surtidos adjuntos van a la cárcel.

Para ellos está claro: la cárcel o el triunfo.

Por eso es que la jefa de la organización ha decidido librar la batalla final de su vida.

Por eso ha contratado, con dinero de la derecha siempre bruta y más achorada que nunca, a decenas de abogados y montado una maquinaria cuyo objetivo es uno solo: borrar del mapa 800 mesas de la sierra sur, donde Castillo obtuvo un triunfo abrumador.

La decisión la tomó después de que Alfredo Torres les dijera a sus allegados que, dado el conteo de la ONPE, ya no había nada que hacer: el fujimorismo había vuelto a perder.

La heredera entró en desespero y, alentada por sus radicales, tomó, otra vez, el camino abismal de quienes patean el tablero y mandan a la mierda a la democracia si esta ya no les sirve.

La decisión de la hija del reo supone perpetrar un golpe de Estado por la vía de desconocer los resultados de una elección. Si su padre dio uno el 5 de abril de 1992, la hija intenta otro en este mes de junio del 2021. Veintinueve años después, padre e hija vuelven a juntar sus historias, sus afanes y sus lodos. La comparación, sin embargo, favorece al “patriarca”. Su arremetida contra la constitución tuvo respaldo popular y se nutrió de la situación económica y política causada por la crisis del alanismo y la locura homicida de Sendero. Esta vez, a la señora que recibió dinero en maletines de Marcelo Odebrecht o Dionisio Romero sólo la respalda lo más prontuariado de la derecha nacional y lo más vomitivo de la prensa que encabeza “El Comercio”.

No digo que sea poco ese apoyo. Lo que digo es que no les bastará. Ni siquiera les ha bastado para ganar las elecciones que parecían las más fáciles del mundo.

La derrota de Keiko Fujimori es un alivio para el Perú. Cuando estos chillidos de derrotada pasen, empezaremos a deshacernos de la maldición de los Fujimori. Y terminaremos avergonzándonos por haber vivido durante tres décadas atados, de algún modo, a esta familia políticamente depravada que secuestró al país.

El objetivo de Fuerza Popular es llegar a la presidencia asaltando actas y borrando, a la mala, ventajas del rival. Pero su meta mayor, sabiendo que la vía electoral puede serle elusiva si consideramos que la ONPE y el Jurado Nacional de Elecciones han demostrado, hasta ahora, independencia, es manchar las elecciones.

Donald Trump, la versión rupestre del conservadorismo racista americano, dijo en las últimas elecciones: “Si no gano, es que hay fraude”. La señora Fujimori, expresión carcelaria del trumpismo nacional, dice lo mismo.

No le importa el país, la pandemia, la economía, la pobreza. Su única gran preocupación es que los procesos penales que tienen su nombre vayan a continuar. Lo del país partido en dos la tiene sin cuidado.

Y por eso es que la reconciliación, tan mencionada por la bobería nacional, es imposible. Uno puede entenderse con un adversario enconado, pero no con una delincuente que ha tomado la política como escudo y coartada. El futuro de la señora Fujimori tiene barras, pero no son las de la bandera del país donde estudió con el dinero que le proporcionaba Vladimiro Montesinos.

Enlodando el proceso electoral, el siguiente paso del fujimorismo perdedor aparece claro: no reconocer al gobierno de Castillo. En alianza con las bancadas que podrían serle afines, la señora Fujimori querrá deshacerse de Castillo lo más pronto que se pueda. ¿Repetirá el Perú la experiencia de un Kuczynski devorado por un Congreso hostil? ¿Acción Popular o APP se prestarán a este juego?

Eso depende también de Castillo. Si el presidente electo, según cifras de la ONPE, modera su programa y obtiene consensos elementales en el Congreso, la dinamitación de su régimen se hará más difícil. Si Castillo regresa a la influencia de Vladimir Cerrón, las cosas se le facilitarán al golpismo parlamentario. Lo que se viene, por donde se le mire, es la tormenta perfecta. Tengo fe en que gente como Verónika Mendoza sabrá dotar a Castillo de un programa de supervivencia política sin renunciar a sus compromisos electorales básicos, incluyendo los cambios a la constitución.

He sido periodista por demasiados años. He encontrado a lo largo del camino muchas maneras de ejercer este oficio antes tan próximo al arte y a la literatura. Lo que veo y escucho ahora en la zafiedad de la radio, el puterío de la tele, la orquestación de la prensa fabricada en “El Comercio” dice mucho de la enfermedad moral que padece el Perú. Defender una causa tiene muchos méritos, inventar hechos y atribuírselos al enemigo es de malhechores. Luchar por la prevalencia del mercado puede ser razonable, concertar mientras tanto con otros privados para robarle al Estado imprimiendo textos escolares es digno de Pepe Graña. Decir que la libertad de expresión estaría amenazada si Castillo llega a la presidencia y al mismo tiempo nombrar a Hume como censor de Canal 4 es propio de una casta en decadencia. Los Miró Quesada, la familia Addams de la prensa, han escupido sobre la tumba de Luis Miró Quesada de la Guerra, el hombre que escribía apra con minúsculas pero que libró una batalla inolvidable en contra de la dueña de Talara, la International Petroleum Company. ¿Qué es “El Comercio” ahora sino el papel comprado por la mafia?

¡Y después quieren ganar las elecciones! El país que negaron les devolvió un no rotundo. La sierra que tuvieron como coto de caza y territorio de furtivas excursiones turísticas les acaba de decir: “Váyanse al diablo”.

La respuesta de “El Comercio” y sus secreciones es aliarse a la banda del Chino y desacreditar las elecciones que perdieron. La derecha feral quiere pisotear la voluntad popular y abrirle la puerta de palacio de gobierno a la que el Ministerio Público ha llamado jefa de una organización criminal. Manuel Prado Ugarteche se habría avergonzado. Hasta Eudocio Ravines habría sentido asco.

Pero si eso quiere la derecha, habrá una respuesta legítima en Cusco, Puno, Ayacucho, Apurímac, Amazonas, Áncash, Arequipa, Cajamarca, Huancavelica, Huánuco, Tacna, Pasco, Moquegua y Madre de Dios. Una respuesta que los golpistas almirantes de tina y los generales que ascendió Cosito no podrán reprimir. ¿Eso quiere “El Comercio”? ¿Quiere que el país partido en dos se enfrente en las calles? ¿Cree la estúpida derecha peruana que puede entrar a saco al Jurado Nacional de Elecciones y obligar a su presidente a tachar lo que ellos quieren? ¿Creen que todos en el Perú se rinden a sus pies, se asustan ante sus amenazas, ceden a sus chantajes y pierden el honor ante sus bravatas?

Pedro Castillo es, según la ONPE, el nuevo presidente. Se confirma así el conteo rápido al 100 % que, hidalgamente, dio IPSOS el domingo último. No importa cuántos abogados digan lo contrario. No interesa que el cadáver de Lourdes Flores anuncie que las nulidades prosperarán. El asunto es que Keiko Fujimori ha perdido por tercera vez. Fin de la historia.

Fuente: HILDEBRANDT EN SUS TRECE N°543, del 11/06/2021  p12

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