Perú: ¿La razón cínica?

Cecilia Méndez

El teatro se va desdibujando. Era un castillo de naipes. Y el sombrero un mal disfraz para una pésima actuación. Hay un instante que grafica, tal vez mejor que ningún otro, la última eclosión de esa crisis perpetua en la que parecemos estar inmersos desde que hace cinco años Keiko Fujimori se rehusó a aceptar su derrota electoral instituyendo la vacancia como una nueva modalidad de golpe de Estado. Lo he dicho antes en este mismo espacio, y he incidido también en la responsabilidad que le cabe en esta crisis al TC, porque pudiendo frenar que sigan echando mano de la vacancia por “incapacidad moral” políticos y poderes mediáticos de prontuarios delictivos, no lo hizo.

Pero decía que hay un instante que grafica este momento en una crisis que parece no tener fin, y es cuando el presidente, estando en Amazonas después del terremoto que a soló la región, fue abordado por un periodista que le preguntó si, a la luz de los videos que se acababan de hacer públicos, “pensaba renunciar”. A lo que el presidente, visiblemente irritado, tartamudeando casi, le espetó: “Señor, ¿usted está loco? ¿Quiere que renuncie a ayudar a esta gente?”. La torpeza del periodista, su indiferencia frente a un contexto en que su principal preocupación debía ser la población afectada por un fuerte sismo allí donde hacía la pregunta, grafica bien un problema mediático más extendido, a una prensa sórdida, monotemáticamente enfocada en hacer ruido para empujar la vacancia, aunque sea sobre escombros y la tragedia humana. Una prensa que de haber desplegado para con los predecesores de Castillo, prominentemente Alan García, la misma escrupulosidad de espionaje que emplean con este y sus ministros, no tendríamos tal vez a un presidente suicidado y otros procesados. Sí, pienso en las loncheras con dólares que llegaban a Palacio para Alan García facilitadas por su secretario Nava, y de las que supimos no gracias a los medios que hoy se indignan por Castillo sino gracias al escándalo Lava Jato en Brasil. ¿O es que una reunión potencialmente ilícita de un presidente con empresarios es más punible cuando ocurre en Breña que cuando ocurre en San Isidro o en una casa de playa en el sur?

La respuesta airada de Castillo al periodista al llamarlo ”loco”, si bien comprensible dadas las circunstancias, se notó excesiva. Puedo equivocarme, pero desde que se ha visto descubierto en posibles actos ilícitos, siento en Castillo un tono más desafiante, pero también más desesperado e incoherente. Teniendo herramientas para salvarse, opta por dispararse a los pies. En lugar de respaldar las declaraciones que su premier Mirtha Vásquez realizó en su nombre en el sentido de incrementar la transparencia y fiscalización en Palacio, Castillo en una movida autodestructiva, que me recuerda a lo que hacía Trump, busca reafirmación y refugio en un mitin con ronderos a quienes pide que lo fiscalicen e “investiguen lo que ocurre en Palacio” llegando al colmo de ofrecerles para el efecto una oficina cerca de Palacio. Su silencio (y la falta de respaldo público a Vásquez) que guardó también cuando se encontraron unos sospechosos US$ 20.000 en el baño de su secretario, el señor Pacheco, ha pasado de ser misterioso a delator.

Castillo no parece tener un pelo de tonto y puede intuir que su situación es grave. Más bien, es posible que su comportamiento errático e irresponsable esté en lo que Peter Sloterdijk ha llamado “la razón cínica”. Traduzco del inglés: “Los cínicos no son tontos. Y cada cierto tiempo ciertamente ven la nada a la que todo conduce. Su aparato psíquico (seelisch) se ha hecho suficientemente elástico como para incorporar como un factor de sobrevivencia una duda permanente sobre sus propias actividades” (Peter Sloterdijk, Critique of Cynical Reason, 1987 p. 5). Un razonamiento que claramente comparten también sus vacadores, porque nadie puede creer que gente con tamaños prontuarios busque moralizar al país. Y por que como añadió el propio Sloterdijk: ”En el gran hall de la razón cínica los extremos se juntan”.

Nada de lo dicho sobre Castillo justifica su vacancia. Pero sí nos debe hacer rechazar la noción de democracia que él pareciera compartir con sus vacadores: no la de igualdad de derechos sino la de igualdad de oportunidades para llegar al Estado y saquearlo en beneficio personal. Espero sinceramente equivocarme.

Cecilia Méndez. Historiadora y profesora principal en la Univ. de California, Santa Bárbara. Doctora en Historia por la Universidad del Estado de Nueva York, con estancia posdoctoral en la Univ. de Yale. Ha sido profesora invitada en la Escuela de Altos Estudios de París y profesora asociada en la UNSCH, Ayacucho. Autora de La república plebeya, entre otros.

https://larepublica.pe/opinion/2021/12/06/la-razon-cinica-por-cecilia-mendez/

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