Perú: Más allá del nuevo gabinete

Diego García Sayán

La pregunta repetida que extranjeros me hacen sobre la situación política en el Perú suele ser la misma: “¿Qué está pasando en tu país? ¡No paran de atacarse y destruirse!”. Esas preguntas, explicablemente, no vienen desde el 28 de julio del 2021, sino desde hace varios años. En el Perú, más que en la mayoría de los países latinoamericanos, destaca la profundidad y extensión de una crisis política e institucional que es ascendente. Mirando más allá de lo evidente, está marcada por un colosal afán destructivo, en un “todos contra todos” teñido por el descreimiento generalizado de la sociedad en quienes supuestamente nos representan, tanto el Ejecutivo como el Congreso.

Hay dos aspectos que revelan la magnitud de la crisis; eventuales renuncias cambiarían poco el curso de las cosas.

Primero, que si bien hay inocultables contradicciones sustantivas, no es eso en realidad lo que mueve las cosas. Más allá de posturas que a veces pueden aparecer antagónicas (“izquierda/derecha”), en realidad tienen una tremenda semejanza y las une un cordón umbilical. Al margen de lo que pueda haber de “programático”, hay una lógica ventajista y clientelar que apunta a los mismos grupos de interés.

Desde las universidades “bamba” que no brindan un mínimo estándar de calidad, que se busca proteger liquidando virtualmente a la Sunedu, hasta la impunidad para transportistas informales, trabando cualquier proyecto de ordenamiento del tránsito público. En espacios como esos, sí se dan los cruciales elementos articuladores y explicativos de las convergencias de pacotilla que hoy mueven al país.

Por eso en medio de la polarización hay piezas intercambiables, que navegan de un polo a otro. Como el efímero ministro Valer, elegido congresista en una agrupación de extrema derecha hace solo pocos meses. Curioso que en esos días nadie cuestionara su pasado de pegalón y abusador.

Segundo, creciente inestabilidad e ilegitimidad política alimentada diariamente por ese “todos contra todos” que marca un ritmo destructivo. En paralelo a las complicidades clientelares, lo que parece mover las tensiones son más bien apetitos de parcelas de poder para su propio grupo o red de contactos. Ausente —de lado y lado— una reflexión o capacidad de propuesta sustantiva sobre los retos que plantean los problemas de fondo del Perú.

Preocupan los planteamientos simplistas —y en muchos casos interesados— de imaginar que saldríamos de este hoyo con la renuncia de Castillo o nuevas elecciones. Un diario dedicó hace unos días varias páginas enteras a reproducir a comentaristas que enarbolaban esa solución mágica. ¿Lo que vendría después, luego de la “venganza” contra Castillo, sería acaso muy diferente en este contexto de colapso de la institucionalidad y la representación?

Las respuestas no están en mover las mismas fichas para que se siga haciendo lo mismo, sino en que las instituciones y accionar político —del Ejecutivo, Congreso y autoridades regionales— enfrenten los archiconocidos retos de fondo en vez de expresar intereses de grupos. Sobre ellos las convergencias deberían ser viables. Por ejemplo, hacer más eficiente la regionalización. O que la ejecución de los presupuestos públicos sea más eficaz, que mejore la calidad de la educación y la infraestructura educativa y que ocurra lo propio en materia de salud pública. ¿Por qué no se habla de eso?

Puede sonar ilusorio, pero nunca será tarde llamar, exigir, concertar. Dentro de un contexto de nubarrones destaca la precisa y clara invocación constructiva de la presidenta del Poder Judicial exhortando al “… trabajo y diálogo conjunto entre los principales actores políticos que conducen a nuestra nación, se puede llegar a consensos importantes que benefician a nuestra nación”.

A partir de un contexto como el actual, que parece sin salidas, solo en una dinámica de trabajo y diálogo conjunto se podrán definir líneas de acción sustantivas alimentadas, entre otras fuentes, de lineamientos sustantivos y fundamentales que ya están dichos y redichos —pero puestos en la congeladora— en el Acuerdo Nacional. Empecemos por allí.

Diego García Sayán. Abogado y Magister en derecho. Ha sido ministro de Relaciones Exteriores (2001- 2002) y de Justicia (2000- 2001). También presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Actualmente es Relator Especial de la ONU sobre Independencia de Jueces y Abogados.

https://larepublica.pe/opinion/2022/02/10/mas-alla-del-nuevo-gabinete-por-diego-garcia-sayan/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*