Perú: Peregrinaciones de una paria

Carlos León Moya

El viaje de Dina Boluarte a Nueva York sirvió para solo una cosa: mostrar lo rechazada que es fuera del Perú, lejos de la derecha tarada que la apapacha, del Congreso que la sostiene y de la prensa que la aplaude. Fuera de esa burbuja, es una paria.

Pero una cosa es ser una paria, y otra cosa es no admitirlo.

Hay parias presidenciales que asumen su condición y viajan con el pecho en alto: sí, violo derechos humanos, ¿y qué? No buscan validación, no fingen aceptación. Viajan a la Asamblea General de las Naciones Unidas, dan su discurso, reciben tres falsos aplausos y regresan a sus países a seguir maltratando a su población.

Pero Dina Boluarte y la Cancillería quisieron vender desde un inicio varias mentiras: que Boluarte es vista con entusiasmo en el exterior; que los presidentes de la región y de otros continentes desean reunirse con ella; que nadie la ve como una presidenta manchada con sangre; que la economía peruana aún genera entusiasmo en el mundo; que los inversionistas aún nos miran con interés.

Y una vez más, Boluarte y sus secuaces demostraron que su facilidad para mentir es inversamente proporcional a su capacidad para hacerlas creíbles. Mienten mucho, pero mienten mal.

En sus tres días en Nueva York, Boluarte tuvo una agenda tan escueta y triste que bien pudo quedarse en cama. Apenas dos reuniones con presidentes: el de Paraguay, país con el que tenemos una relación ínfima, y el de Chile, a quien tiene siempre al costado. Para tapar ese vacío, Boluarte y la Cancillería publicaron fotos de encuentros fortuitos con otros jefes de Estado –en la calle, en cocteles– y las difundieron como si fuesen “reuniones bilaterales”.

La lista de reuniones fingidas es larga y penosa, pero graciosa a la vez, porque las propias fotos publicadas por la presidencia muestran que fueron encuentros casuales: con Guillermo Lasso, presidente de Ecuador, a quien se encontró en un coctel; con Sauli Niinistö, presidente de Finlandia, con quien se cruzó en un pasillo; con Olaf Scholz, canciller de Alemania, a quien se encontró ¡en la calle! (se ve que están a las afueras de las Naciones Unidas, y al fondo se aprecia el East River); con Joe Biden, presidente de Estados Unidos, a quien saludó junto a decenas de presidentes por apenas un minuto –como señal de cortesía–, pero lo vendieron como una reunión en donde hablaron de “cooperación”.

A eso podemos sumar el papel de los ministros que acompañaron a Boluarte. Ana Cecilia Gervasi, de Relaciones Exteriores, pudo conseguir solamente un acuerdo con Georgia (sí, Georgia: ex república soviética, patria de Stalin, capital Tiflis) por el que ahora los peruanos no necesitaremos visa para entrar a ese país (ahora sí puedes visitar Georgia sin problemas). Alex Contreras, de Economía, fue a vender una economía en declive y lo más saltante ha sido verlo gritar: “Perú, Perú, Perú”, aplaudiendo como foca, cuando dos manifestantes gritaban: “Dina Asesina”.

Además, Boluarte no tiene en Estados Unidos el control que puede ejercer aquí.

Allá la policía no sigue sus caprichos y temores. No acordonan las calles para que pueda pasar sin que la insulten. No disparan gases a quienes protestan contra ella. Por eso, ha recibido el rechazo constante de la comunidad peruana: en cada evento público que ha tenido se ha sentido el repudio que sentiría también en Perú si no estuviera tan escondida de la gente.

Allá tampoco puede evadir y controlar a la prensa nacional como hace aquí. Puede que TVPerú se haya vuelto su TikTok y le haga entrevistas a medida, pero eventualmente tenía que responder preguntas. Y Angélica Valdés, de Canal N, se las hizo: se la encontró en un pasillo, como ella hace con otros presidentes, y le preguntó por qué autorizó a los militares a controlar el orden interno. La respuesta de Boluarte fue el silencio, hacerse la sorda, fingir estar perdida, decir que ella solo hablaba de política exterior. Al día siguiente, la respuesta de Boluarte hacia Valdés fue incluso peor: simplemente le dio la espalda y evitó ya no solo contestarle, sino mirarla durante una rueda de prensa.

Así, después de haber luchado por meses para poder viajar al extranjero, Dina Boluarte volverá al Perú con el rabo entre las piernas. Con su 10% de aprobación ya es una paria en el país, pero ahora quedó claro que también es una paria en el exterior. Dina Asesina por un lado, Dina Anodina por el otro.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 654 año 14, del 22/09/2023, p20

https://www.hildebrandtensustrece.com/

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