Perú: María Benito

Ronald Gamarra

Hoy, viernes 26 de enero, fecha de publicación de este semanario, tal vez se haya resuelto –por fin– la enorme injusticia que EsSalud impone desde hace un año a la señora María Benito, quien sufre la fase terminal de la esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que va paralizando el cuerpo y sus funciones. La señora Benito ya no puede caminar, ni moverse en forma alguna, no puede alimentarse sino por sonda, ni siquiera puede respirar si no es mediante un respirador artificial.

Sin embargo, se conserva lúcida. Hasta hace algunas semanas, podía comunicarse gracias a un sistema de reconocimiento visual que le permitía escribir sus propios mensajes con el movimiento de sus ojos, capacidad que hoy también ha perdido.

Hace un año, la señora Benito solicitó a EsSalud que le desconecten el ventilador que la hace respirar artificialmente. Lo hizo en legítimo ejercicio del derecho de todo ciudadano a no recibir tratamientos terapéuticos que no desee. La señora Benito, consciente de su enfermedad y de su estado, sabe que el respirador postizo no la cura, ni mantiene ninguna calidad de vida. Ella considera, con innegable fundamento, que sólo prolonga su dolor y sufrimiento. Es un ajuste inútil que no desea seguir recibiendo. Nadie puede obligarla a ello, ni a ella, ni a nadie.

Entiéndase bien. Se trata de un derecho, es decir de una potestad del individuo. De la voluntad libre, informada e inequívoca de un ser humano (usted, yo), en situaciones límites, para decir no o basta a procedimientos terapéuticos baldíos frente a un problema de salud grave e irreversible que cause un sufrimiento persistente e intolerable; y, en esa circunstancia, para adoptar decisiones que, con base en la dignidad humana, tengan como fin previsible la culminación de su vida por el propio curso de la enfermedad, en tanto se trata de cuestiones vinculadas a la autonomía personal. Nadie más tiene derecho a decidir por él las condiciones y el momento en que el final ha de tener lugar. Nadie, ni siquiera alguien de su entorno más cercano. Contrariamente a lo que algunos creen, la muerte no puede estar en manos de la religión ni del Estado. Ni los curas ni los burócratas tienen derecho a decidir según sus particulares intereses o ideologías lo que corresponde únicamente a cada individuo en su fuero más íntimo. El derecho a la muerte digna no es una concesión al individuo sino un derecho que emana de su propia dignidad.

Sin embargo, la dirección de EsSalud opina que sí puede y debe imponer a la señora Benito el respirador artificial, pisoteando sin más la autonomía de su voluntad.

Es lamentable que las autoridades de organismos tan importantes como EsSalud se rijan por criterios que no respetan la libertad individual e impongan, en cambio, sus prejuicios o convicciones particulares que no son –y no tienen por qué ser– ley del estado, obligatorias para tirios y troyanos, como si la Constitución no reconociera la libertad de conciencia, además de la libertad individual.

El problema es que la aplicación ciega de esas convicciones o prejuicios tiene resultados despiadados, por completo ajenos a la caridad cristiana, que resultan en la imposición del sufrimiento más doloroso, indefinido e injusto de otras personas con derecho a no compartir las monomanías del directorio de EsSalud y otras autoridades que parecen no estar enteradas de que el estado peruano es laico. Que esa cerrazón condena a una persona enferma a sufrir el infierno en la tierra hasta su último aliento o a enfrentar el encarnizamiento médico.

La negativa de las autoridades de EsSalud a proceder según lo solicitado por la señora Benito obligó a la paciente a recurrir ante la justicia mediante una acción de habeas corpus. Aquí el camino tampoco ha sido fácil y ha sido narrado por la abogada Josefina Miró Quesada, asesora de la señora Benito y ejemplar apoyo de su causa. El caso cayó en manos de una juez que ya antes falló contra la demanda de muerte digna de la señora Ana Estrada y luego pasó a ser visto por otra magistrada que terminó por declarar la improcedencia de la demanda de la señora Benito.

Apelada la sentencia en octubre, el tribunal se ha tomado casi cuatro meses para decidir. Este martes, notificaron que dos de los tres jueces se pronuncian a favor de la demanda (siempre hay uno para malograr todo) y, en vía de reforma, la declaran fundada por vulneración del derecho a la dignidad humana, libertad de conciencia y libre desarrollo de la personalidad de María Benito, ordenando a EsSalud “respetar y garantizar su decisión libre e informada de rechazar los tratamientos médicos que la mantienen artificialmente en vida, como es el ventilador mecánico, el cual debe ser retirado dándole previamente sedación paliativa para evitarle mayor sufrimiento… y para lo cual deberá designar entre su personal médico a profesional no objetor de conciencia a fin de que se cumpla con garantizar y respetar los derechos… y con el apoyo y salvaguarda de su hija…, quien deberá estar presente en todo momento…”.

Sin embargo, no basta un dos a uno para que la demanda de la señora Benito sea declarada fundada y deba ejecutarse sí o sí. Se necesitan tres votos, por eso se llamó a otro juez a votar. De este magistrado depende el caso y los derechos de la señora Benito. El togado suplementario debía escuchar los alegatos de las partes y votar precisamente hoy a las 9 de la mañana. Ojalá que su decisión sea jurídica y también humana, y que reconozca a la señora Benito lo que le corresponde en derecho, que no es otra cosa que el reconocimiento de su dignidad, autonomía, libre desarrollo de la personalidad y no sufrir tratos inhumanos. Espero que la decisión judicial establezca jurisprudencia sobre un caso tan delicado, proclamando la primacía de los derechos humanos sobre toda otra consideración.

Que la justicia no decepcione una vez más la esperanza. Ya ha sido un trago amargo todo lo que se han demorado en decidir en un asunto tan claro y sencillo como para que al final nos salgan con una sentencia dictada por el fanatismo oscurantista.

Gracias, María Benito, por recordarnos que el derecho a la dignidad debe entenderse como válido para toda la vida del individuo, incluida la terminación de esta. Gracias totales por enseñarnos que el derecho a vivir en forma decente y noble importa también el derecho a no recibir tratamientos terapéuticos inútiles y que no se desean, como a morir con dignidad.

Fuente: Hildebrandt en sus trece, Ed 670 año 14, del 26/01/2024

https://www.hildebrandtensustrece.com

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