Las Honduras de García

Javier Diez Canseco

Días atrás se denunció que se armaba un golpe de Estado en Honduras impulsado por los grupos de poder económico, los partidos tradicionales en el Congreso y sectores de Iglesia. ¿La razón? La decisión del presidente Manuel Zelaya de convocar una consulta nacional no vinculante para que el pueblo se pronuncie sobre si en las elecciones de noviembre debía –o no– colocarse un ánfora adicional para poder decidir si la gente quería elegir una Asamblea Constituyente que haga una nueva Constitución.

¿La madre del cordero? El derecho soberano del pueblo a decidir sobre si mantiene o cambia el sistema político, económico y social. Quienes defienden el sistema actual que sirve a los ricos, enajena los recursos naturales a las transnacionales y cierra el derecho al progreso, la justicia y la democracia a las mayorías, le prohíben a la gente opinar si cambian o no la Constitución. Se trata de impedir que el pueblo –de quien emana el poder– decida si quiere votar para elegir una Asamblea Soberana que redacte una nueva Constitución, refunde la República e introduzca los cambios que la mayoría decida. Prohibir al pueblo (“ignorante y manipulable” diría García) de Honduras a tomar una decisión soberana: votar si quiere o no una Asamblea Constituyente.

El 28, mientras se perpetraba el golpe en Honduras, García se sumó a la tesis de los golpistas. Mientras estos secuestraban a Zelaya a tiros y lo expulsaban del país, cortaban la electricidad, paralizaban el transporte y las comunicaciones y militarizaban el país (las FFAA manejaron Honduras 25 años hasta 1982), García formulaba –de puño y letra– sus mismas tesis en el fujimorista Expreso. Como el golpismo hondureño, denuncia un complot o “conflicto continental”, “una guerra fría en la que participan gobernantes extranjeros”. Ya oímos, durante la huelga amazónica, las de Andahuaylas, Canchis o Puno, la versión –nunca probada– de infiltrados cubanos, venezolanos y extranjeros manipulando masas ignorantes. Lo mismo dice el militarismo hondureño. Y García agrega: los problemas vienen de fuera porque el Perú es un paraíso económico que –el 2006– “escogió por 5 años un camino comprobado para el crecimiento”. Ignora así la crisis y recesión que vivimos desde hace dos trimestres.

García, como el golpismo hondureño identifica el mismo objetivo estratégico “subversivo”: la “antidemocrática” e “ilegal” demanda de una Asamblea Constituyente. Minimiza a los que se movilizan por el cambio, “un máximo de 50,000 personas: 1,000 aquí, 2,000 allá”. Pero las encuestas dan 82% de desaprobación a su gobierno. Para golpistas y García es ilegítimo e ilegal que los pueblos –frustrados de sistemas políticos podridos y no representativos de la voluntad popular, sistemas económicos excluyentes y marginadores de las mayorías, y sistemas sociales basados en el racismo y el desprecio a los pobres y pueblos originarios– se planteen un nuevo contrato social, refundar Repúblicas que –tras casi 200 años de conquistada la independencia– exhiben un rotundo fracaso del sueño de los libertadores y el anhelo de justicia, progreso y democracia integral de los pueblos. Para ellos, los pueblos solo pueden escoger entre distintas formas de esclavitud, pero no tienen el derecho de emprender cambios para construir una Nueva Patria.

Como el golpista Gral. Vásquez, jefe de las FFAA de Honduras que se negó a cumplir la orden del Presidente de trasladar el materia electoral y negó el derecho del pueblo a pronunciarse democráticamente, García pretende amedrentar, ilegalizar y perseguir a quienes plantean que el pueblo es soberano de decidir el contrato social que rija la vida del país, a través de una Asamblea Constituyente. ¿Por qué? ¿Desde cuándo el poder no emana del pueblo sino de la genialidad del Gral. Vásquez o del presidente García?

Los hondureños no reconocen que los militares sean depositarios de la soberanía popular. Han tomado las calles, buscando ejercer su derecho a la consulta y restituir a Zelaya. La resistencia civil será fundamental, pero también la reacción internacional. El presidente de la ONU, el SG de la OEA, al igual que numerosos países, condenaron el golpe. Un vocero de Obama reconoció a Zelaya como Presidente. Sólo el comunicado peruano omite mencionar al presidente Zelaya y el término golpe de Estado, pidiendo solo restablecer el orden constitucional (que los golpistas en el Congreso también dicen defender). Claro, Zelaya es un izquierdista elegido el 2005 con 50% de los votos en un país con 70% de la población en pobreza, y es parte de ese vasto movimiento latinoamericano por el cambio.

García, cabeza de un régimen corrupto, fracasado y sometido a intereses extranjeros, le tiene terror a que la gente se pronuncie por una salida institucional y pacífica para cambiar. Pero la gente no le teme y fracasará como el golpismo hondureño, en su carrera de persecución y criminalización de quienes luchamos por una nueva Constitución, ejerciendo la soberanía popular.

FUENTE:
http://www.larepublica.pe/contracorriente/29/06/2009/las-honduras-de-garcia

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